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Tiene ya dos semanas que llegamos de Copala y aún no he escrito nada. Empezaré ahora... La crónica será larga, ud. querido y amable lector, puede leer toda la historia o bien, pasar a los siguientes post.
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Todo comenzó con una plática en la calle de Regina, sentados, un grupo como de unas 10 personas, todos ciclistas, unidos por la inquietud de formar un nuevo grupo con el objetivo de "politizar la bicicleta", uno de los presentes, Cuauhtémoc, mejor conocido como "Kuate", comenzó a hablar de San Juan Copala, dijo que seguramente iría en la caravana pacífica que se iría en semana y media, Rodrigo (sentado a mi lado) dijo que si el Kuate iba, él también iba, enseguida, me dijo al oído "¿Vamos?, me sentiría más seguro si tú vas" (no le creí)... le contesté que no tenía dinero para cubrir el viaje a Oaxaca... al final, eso no importó, a la semana los tres teníamos suficiente dinero para cubrir el costo de nuestros pasajes hasta San Juan Copala y de regreso. Nos suscribimos a la caravana, todo quedó listo. Nos citaron el lunes 07 de junio a las 6:00 pm en el Zócalo del D.F.
Debo decir que la noche anterior me puse sentimental con Gerardo, hablamos de la posible muerte (todo podía pasar, desde "nada", hasta "todo"), de mis cosas, de mis sueños (que lo siguen incluyendo) y demás cosas. El día llegó, desperté y acomodé las cosas que iba a llevar, compré unas más y le puse saldo a mi teléfono. Comí tres tacos de guacamole y alisté mi Javalina para irme al estacionamiento de Victor (lugar de reunión). Ya en el estacionamiento, acomodamos las cosas en los remolques y nos fuimos al segundo punto de reunión, el Ángel de la Independencia, ahí, ya nos esperaban varios ciclistas, me encantó ver caras conocidas y varias desconocidas. "¿Apoco sí se supo?", pensé. De ahí, en caravana ciclista, nos fuimos pedaleando hasta el Zócalo, al llegar, vimos como acomodaban las últimas cajas de alimentos y agua en el enorme camión de carga, en total 35 toneladas de alimentos y material médico.
Pasaba el tiempo, hubo "rueda de prensa" ahí mismo, los diputados respondieron preguntas y dirigieron mensajes al estilo de "estamos con el pueblo triqui", "exigimos libertad y respeto a la autonomía", etc.
Por nuestro lado, del lados de los ciclistas, hubo fotografías, pláticas, risas... Hasta que llegó el momento de buscar el bus en el que iríamos, a Kuate y a mi, nos tocó juntos en el autobus 1, a Rodrigo le tocó en otro, al final, logramos quedar los 3 juntos en el primer camión de la caravana. Filas 5 y 6. Despedida de los amigos, abrazos fuertes, buenas vibras y palabras bonitas fueron la mejor despedida.
El autobus se puso en marcha, la caravana completa así lo hizo también, y ahí, las primeras indicaciones, uno de los principales dirigentes de la caravana, David Cilia, iba ahí. Pocos minutos después comenzó a leernos las recomendaciones y demás parecidas de tan singular (y universal) actividad... "tener todo el tiempo nuestra identificación", "mantener cerradas las ventanas", "no separarnos del grupo"... con respecto a éste último punto, se nos pidió hacer brigadas entre nosotros mismos, la nuestra fue formada por Axel, Ramón, Francesca, Rodrigo, Kuate y yo... La brigada -misteriosamente- se llamó "brigada TK" (teka, de biciteka, no Tavera Karina, jeje).
Luego de otros minutos, David Cilia preguntó que quien sabía de medicinas, administrarlas, primeros auxilios y cosas así... Naaaadie ... ... naaaadie decía nada... ... Kuate me preguntó que si yo sabía, le dije que "un poco, sí", me dijo que yo me hiciera cargo del botiquín porque nadie lo haría... levanté la mano, David me indicó que yo sería la encargada de cargar el botiquín a todos lados, me presentó con los demás pasajeros y me senté.
Unos 20 minutos después, David preguntó de nuevo: "¿hay alguien aquí que sea geógrafo?" ... naaaadie -de nuevo- "ok, ¿biólogo?", levanté la mano -de nuevo- "ok, tú vas a ser la encargada de utilizar el GPS y escribir las coordenadas de nuestra ubicación, sobre todo desde Huajuapan"... Me entregó un lindo y grande GPS marca Garmin con pantalla a colores, lo prendí para familiarizarme con él. El bus avanzaba y avanzaba, la mayoría ya iba dormido o al menos muy callados. En Tehuitzingo, Puebla fue la primer parada de 5 minutos sólo para estirarnos, "¡Todos en sus brigadas!, ¡No se separen!"... y así fue, nos mantuvimos juntos, la brigada unida. Subimos de nuevo al bus. A las 3:34 am fue la segunda parada, poco más larga, ahora sí, para ir al baño. A las 4:03 ya estábamos de nuevo en el camión, yo "tuiteaba" (ah, éstos nuevos verbos, o sea, mandaba mensajes al Twitter) indicando nuestras coordenadas, me sentía rara tuiteando eso, pero me comprometí a hacerlo.
A las 6:30 am llegamos a Huajuapan de León, Oaxaca, muchos se bajaron a estirar las piernas, yo no podía, estaba atrapada entre la ventanilla y el Kuate, me quedé ahí, tuiteando las coordenadas y escuchando la plática entre una chica triqui con otro señor de su comunidad, todo lo hablaban en triqui, pero no sé por qué hubo una frase que ella dijo en español: "nacimos, pero no para morir en manos de asesinos" y de nuevo a hablar en triqui.
Llegamos al centro de Huajuapan, ahí, iba a haber una rueda de prensa, iba a haber un comunicado, al final no hubo nada, pero la estancia mañanera nos permitió interactuar con el mundo a través del internet del Italian Coffee (yeah, I know, pero no teníamos mayores opciones). A eso del mediodía nos fuimos de ahí para así encaminarnos a San Juan Copala, o al menos esas eran las intenciones...
En cierto punto de la nada, lo temido: un cerco de policías estatales impidiendo la avanzada de la caravana... como nosotros íbamos en el primer camión, un grupo de personas se acercó a la ventanilla del conductor, dentro de ese grupo de personas iba la procuradora de justicia del edo. de Oaxaca y otros personajes del estilo, buscaban a los diputados y a los dirigentes de la caravana. Al no encontrarlos ahí, buscaron en otro autobús. A los pocos metros se veía la "negociación" [la libertad no debería ser negociada, la libertad es un derecho de cualquier ciudadano] para que la caravana siguiera su camino. "No hay 'condiciones' para que la caravana avance", "no nos hacemos responsables de su seguridad", "van bajo su propia responsabilidad", eran palabras de la "procuradora de Justicia" (sí, entrecomillado, de la disque procuradora de justicia) que resonaban en todos. En cierto momento, se nos indicó que seguiríamos a pie, así, todos bajamos de los autobuses y formamos hileras para caminar y llegar hasta donde pudiéramos. No avanzamos casi nada, pocos (unos 100 metros) metros después se nos indicó que "nos habían permitido la entrada con la caravana completa"... Ahí de nuevo todos a los autobuses.
Pasamos Santa Rosa, siempre escoltados y rodeados por decenas de camionetas llenas de policías estatales (militares disfrazados, según la versión del Kuate)... Nunca había vivido yo algo así, nunca había visto tantos policías, tantas armas y tan grandes. Demasiada hostilidad, miedo, ganas de llegar a Copala, ansiedad, gusto, varias eran las emociones mezcladas entre los que ahí íbamos. En otro punto de nuevo nos pararon, la misma historia: "No hay condiciones", "no hay seguridad", "no ofrecemos ninguna garantía"... "van a haber balazos"... ¡Qué gran estado es ese de Oaxaca para tan diminutas y asquerosas autoridades!...
"¡De regreso y de avanzada!" de repente se escuchó de uno de los jefes de la policía (se notaba su "autoridad"). Nos dejaban, la policía estatal se retiraba, ahí, "sigan ustedes, nosotros no nos hacemos responsables de nada".
Ahí, la caravana humanitaria "Bety Cariño y Jyri Jaakkola" en medio de una carretera... momentos de tensión, cuando de la nada, David Cilia: "Nos regresamos, los compañeros del Municipio Autónomo han decidido que no quieren arriesgar ninguna otra vida, nos regresamos".
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Enojo, desánimo, desasosiego, incertidumbre, indignación, coraje, frustración...
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Pero alguien (o todos) en ese primer camión no se quedó callado, "no nos vamos", se escuchó por ahí, alguien desobedeció la indicación principal de "no se bajen del camión por ningún motivo" y ahí vamos a bajarnos del camión...
"Ya estamos aquí, no nos podemos regresar", "Venimos a dejar alimentos, no a rajarnos", "No tengan miedo, vamos a seguir compañeros"... éstas y sus variantes eran frases que se escuchaban una y otra vez.
David Cilia, ante los reclamos expresó: "nos regresamos, pero no porque queramos, sino por respeto a la decisión que han tomado los compañeros del municipio autónomo. No es por miedo, sino por seguridad de nosotros." Y ahí seguía la trifulca entre varios integrantes de la caravana. Luego, por ahí se escuchó:
"A ver compas, quiero que sean sinceros... ¿cuántos de ustedes han estado en medio de un tiroteo?, ¿a cuántos les ha pasado una bala a medio metro?..."
Me acerqué a platicar con un poli que andaba por ahí, le pregunté que si de verdad era tan peligroso tratar de entrar a Copala, me contestó "uy sí, van a haber un chingo de muertos", inmediatamente, una mujer triqui que andaba por ahí, me dijo "no es cierto, ellos son unos mentirosos, es miedo el que les meten".
Unos 10 minutos de pláticas, del eterno "estira y afloja", del sí, del no, "ni un paso atrás", gritan otros... De repente, la lluvia, "ya valió madre"... y seguíamos ahí: N 17º12'50'', W 097º57'85'' a unos 4 km de la entrada de San Juan Copala.
Y ahí nos quedamos, al final sí nos regresamos, las 35 toneladas de alimento no pudieron ser entregadas a quienes las necesitan para sobrevivir, el cerco paramilitar de la UBISORT no pudo ser roto. ¿Las emociones?, las mismas, frustración y enojo eran las más generales.
De nuevo en Huajuapan, rueda de prensa, café y pan libre para todos, cabezas bajas, preguntas sin respuesta.
¿Qué sigue?, no se sabe a ciencia cierta, lo que todos queremos es que el cerco paramilitar se rompa,
hay que seguir intentándolo, la derrota del 8 de junio sólo es una lección para aprender y actuar de otra forma. Lo que queremos, lo que exigimos es libertad a la comunidad de San Juan Copala y en general, de toda la región triqui, queremos que esas personas sean libres y autónomas, que no estén bajo el maltrato de los paramilitares y el asesino gobernador que tienen. Exigimos que se cumplan sus derechos humanos. Exigimos que se castiguen a los asesinos de Bety Cariño, Jyri Jaakkola y demás personas asesinadas impunemente dentro de la comunidad. Exigimos y queremos libertad...
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Al final, yo, Karina, me quedé con una gran experiencia, viví y sentí la injusticia y frustración, pero me quedo con las ganas de volver, de luchar, de no dejarme, de hacer algo, algo, por pequeño que sea, por minúsculo. Gano algo si con éste texto hago que alguien más ponga sus ojos en San Juan Copala, "cada poquito pequeño al final logrará algo grande".
Gracias.